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El gasto de las familias en España... y la importancia de comparar valores reales en vez de nominales
El Instituto Nacional de Estadística (INE) elabora regularmente la Encuesta de Presupuestos Familiares (EPF), en la que se recoge información sobre los gastos realizados por las familias españolas. La encuesta permite no sólo capturar los importes de los gastos, sino su tipología (según la clasificación COICOP) y la de las familias concretas que los realizan (recogiendo información sobre tipología de hogares, ingresos, ocupación…). Desde 2006, y hasta 2014, la metodología seguida fija una encuesta de carácter anual sobre 24.000 hogares.

Con esta información, vamos a tratar de analizar y comprender las diferencias existentes en la distribución de los gastos totales de las familias españolas entre el año de inicio de la crisis y la actualidad. En concreto, vamos a comparar la información de 2008, año en el que más gasto se realizó de la serie disponible, con la de 2014, último año disponible actualmente. Esta comparativa se va a realizar en términos de distribución y gasto absoluto según el primer nivel de la clasificación COICOP.

En el siguiente gráfico se presenta el gasto total de los hogares en los años mencionados, en miles de millones de euros a precios corrientes (de cada año) y destacando interactivamente las diferentes categorías de gasto analizadas.

Variación total de gasto nominal:
A la vista de los datos recogidos, podemos destacar el claro descenso, de casi un 9%, del gasto total en términos nominales (a precios corrientes), lo que no sorprende dada la situación económica vivida entre los años analizados. Si estudiamos en mayor detalle estos descensos, observamos que las tipologías de gasto más castigadas han sido el menaje del hogar, la vestimenta, el ocio, el transporte y los hoteles y restaurantes, todos ellos con caídas entre un 20% y un 30%. El hecho de constituir un gasto de carácter discrecional y, por lo tanto, no necesario, junto con el aumento de la fiscalidad de una gran parte de este tipo de bienes servicios, ha provocado que los hogares reduzcan drásticamente este tipo de consumo. En el otro extremo de la balanza encontramos algunas categorías en las que el incremento en gasto ha sido notable, siendo el más pronunciado el gasto dedicado a la enseñanza (más de un 34% de incremento), lo que se explicaría, no tanto por un aumento del número de estudiantes, sino por un notable incremento de las tasas educativas, especialmente, las de carácter universitario.

Encontramos también algunos resultados que podrían resultar sorprendentes, antes de un análisis más detallado. Por un lado, la caída de gasto en comunicaciones (de un 12%) en un período temporal en el que el uso de dispositivos móviles se ha disparado de una forma tan considerable. Ello puede deberse a la evidente sustitución, en el seno de esta categoría, de un tipo de dispositivos por otros más eficientes y al abaratamiento unitario de este tipo de servicios. Por otro, el incremento tan notable en vivienda (casi un 9%), que atiende, no tanto a la compra de vivienda, pues en este caso se considera una inversión del hogar y no un gasto, sino a un importante incremento del gasto realizado en suministros del hogar, especialmente, el que tiene que ver con la electricidad.

La necesidad de profundizar en las causas de esta evidencia aparentemente contra intuitiva nos hace preguntarnos: ¿es correcta la comparativa que se está realizando?, ¿podemos comparar directamente el gasto nominal de 2008 con el de 2014?, ¿es lo mismo un gasto de 100 € en salud en 2008 que un gasto de 100 € en salud en 2014? Obviamente no es lo mismo. No podemos comparar la información de gasto de dos momentos del tiempo en términos nominales sin más y, por tanto, la comparativa no es fácilmente interpretable.

Tal como sugiere el título del post, es necesario llevar a cabo un proceso de conversión de valores nominales en valores reales de forma que la información de los años analizados sea directamente comparable. Este proceso se basará en la aplicación de un índice de variación nominal a las cifras de 2008 para obtener su equivalente (en volumen, o real) en 2014. ¿Y cuál es ese índice? Dado que estamos tratando cifras de gasto, parece claro que el índice a aplicar debería ser el Índice de Precios de Consumo (IPC), ya que éste recoge las variaciones de los precios unitarios de los bienes y servicios a los que están asociados los gastos de los hogares. La “deflactación” de los valores nominales con el IPC permite transformar estos valores en “volúmenes” de bienes y servicios consumidos por los hogares en dos instantes del tiempo y, por tanto, hace esta comparación más realista e inmune a los cambios de los precios.

Volviendo a la fuente de información inicial, el INE, vemos que es posible obtener dicha serie desagregada según las mismas categorías de la clasificación COICOP. De esta forma podremos deflactar los importes nominales de 2008 del análisis anterior a su equivalente en 2014 teniendo en cuenta las variaciones concretas sufridas por los bienes o servicios de su categoría asociada.

En el siguiente gráfico interactivo se puede observar la evolución del IPC entre 2008 y 2014 de cada una de las categorías COICOP, estableciendo como base de la comparativa el valor de los precios de 2008 de forma que esta evolución sea fácilmente interpretable.

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Pasemos entonces a realizar, de nuevo, la comparativa de situación entre 2008 y 2014. Pero esta vez se hará con las cifras de gasto real corregido según la evolución del IPC de cada categoría entre los años del estudio.

Variación total de gasto real:
Podemos ver que la distribución de gasto varía ligeramente frente a las cifras sin corregir. Sin embargo, y aquí es donde está la clave, las variaciones en términos reales entre ambos períodos se han visto notablemente afectadas. Frente al 9% de descenso de gasto nominal que habíamos visto en el anterior análisis, hemos pasado a más de un 17% de descenso, mucho más pronunciado y que verdaderamente mide la incidencia de la crisis en los hogares en términos de bienestar.

Bajando a algo más de detalle, si nos centramos en las caídas de gasto, vemos cambios muy notables, como la emergencia de bebidas alcohólicas y tabaco como la categoría con mayor descenso (más de un 41%). Caída más que lógica si consideramos la entrada en vigor de la Ley Antitabaco de 2006 y su modificación de 2011. Por otro lado, los sucesivos aumentos del I.V.A. a lo largo de la crisis han penalizado, de una u otra manera, el consumo de este tipo de bienes. Igualmente, en el caso de la vivienda, debe tenerse en cuenta que, si se corrigen las cifras del efecto de los precios, el gasto no se habría incrementado en un 9%, como se veía con anterioridad, sino descendido en más del 10%, lo que implica que el aumento de los precios en este sector ha sido descomunal, pudiéndose aproximar como la diferencia de lo que ha variado el gasto nominal (un +9%) y lo que ha variado el gasto real (un -10%), es decir un aumento de los precios unitarios de estos servicios de (aproximadamente) un 19%.

En el otro extremo, vemos que la enseñanza, aún con la corrección aplicada, sigue siendo la categoría con mayor incremento de gasto real, aunque éste es mucho más atenuado (poco más de un 7%). Además, la situación anómala que observábamos en la categoría de comunicaciones, con su caída del 12%, se ha corregido, pasando a ser una de las pocas categorías en las que ha habido incremento, de más de un 3%, lo que indica (según la aproximación antes comentada para los servicios a la vivienda) un descenso de los precios unitarios de las telecomunicaciones de un 15%, como sabemos que sucede en este tipo de categorías asociadas a un fuerte proceso de innovación.

Por tanto, podemos concluir, como era de esperar, que el efecto de la situación económica de estos últimos años ha tenido un relevante impacto en el gasto de las familias españolas en términos de importes, ya que se gasta mucho menos. Sin embargo, este impacto no se traduce de forma directa a la distribución de gasto ya que, salvo el caso de las comunicaciones, que han superado en gasto a las bebidas alcohólicas y el tabaco, y el transporte que ha bajado por debajo de la alimentación, el orden de las categorías en términos de gasto es idéntico.

Por otro lado, queda clara la necesidad de tener en cuenta la evolución de los precios de cara a poder hacer un análisis comparativo de cifras en momentos distintos del tiempo ya que, de no hacerlo, como se ha visto, se podría llegar a conclusiones erróneas. Este tipo de correcciones son muy necesarias no sólo en periodos de fuerte variación de la actividad económica (recesiones o booms), también, y especialmente, en el caso de bienes y servicios sometidos a intensos procesos de innovación que aumentan enormemente la disponibilidad de los mismos a precios unitarios cada vez más bajos.

Finalmente, y como referencia a una posible ampliación futura de nuestro estudio, creemos que sería muy interesante replicar el mismo análisis pero teniendo en cuenta cifras de gasto medio por hogar y gasto medio por persona ya que, en los resultados comentados, no se está teniendo en cuenta el impacto de la variación de población y número de hogares entre los años del análisis.

NOTA: El INE también publica las series en precios constantes de 2006 (descontando el efecto de las variaciones de precio). Sin embargo, estos datos no están disponibles en forma de microdatos anonimizados. Por este motivo, no se han utilizado en nuestro estudio ya que, a futuro, se espera explotar el máximo nivel de desagregación ofrecido por el fichero de microdatos.
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